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Las viviendas de alquiler también necesitan reformas, al fin y al cabo, se trata de que los inquilinos se sientan como en su hogar. Además, cuanto más cómoda y habitable sea la casa, más facilidades tendrás para alquilarla y también podrás conseguir una mayor rentabilidad.

No se trata de levantar suelos, tirar tabiques o cambiar carpinterías, salvo que estén en muy malas condiciones, por supuesto. En ocasiones pequeñas reformas son suficientes para renovar la vivienda, hacerla más atractiva y, de paso, evitar quejas de los inquilinos una vez la hayan ocupado. ¿Por dónde empezar? Vamos por partes.

 

Cocina

Si los muebles están en buen estado, basta con cambiar los tiradores la encimera y el grifo para darle un aspecto renovado. Pero si hay algo que tus inquilinos van a agradecer, sin duda, son electrodomésticos que funcionen bien.

No se trata de cambiar los viejos por otros de último modelo, no es necesario. Pero sí lo es que la lavadora centrifugue o que el congelador no acumule enormes cantidades de hielo nada más ponerlo en marcha. Piensa que, si es así, tarde o temprano los inquilinos te pedirán que los sustituyas, de modo que ¿por qué no hacerlo antes?

Baño

No importa si el baño tiene ducha o bañera, cambia las cortinas por una mampara. Las hay realmente económicas y le darán una imagen más actual, sin olvidar que las mamparas son más limpias y cómodas.

Y si los grifos, los accesorios o el mueble son anticuados, lo mejor es cambiarlos. No hay que olvidar que el cuarto de baño y la cocina son, quizá, las dos estancias en las que más se fijan los futuros inquilinos antes de decidirse.

Suelos

¿La vivienda tiene suelos de terrazo o de un gres pasado de moda? Para darle un toque de calidez nada como la madera. Sin hacer obras y sin gastar un dineral, la solución son los suelos laminados o los vinílicos. Además de que se colocan en muy poco tiempo, hay infinidad de modelos, por lo que combinan bien con cualquier estilo.

Climatización y calefacción

En este aspecto hay varias reformas que puedes (o debes) hacer y que, sin duda, tus inquilinos van a apreciar como corresponde. La primera es cambiar la vieja caldera si la que hay no funciona bien. No hay nada peor que una calefacción que no arranca en invierno o que no puedas disponer de agua caliente cuando más la necesitas.

Y, junto a ello, algo tan simple como un aparato de aire acondicionado puede hacer que esa vivienda se revalorice más de lo que imaginas. Calefacción y aire acondicionado son dos elementos más en los que tus futuros inquilinos seguro que se fijan.

Hay otra cuestión que está ligada a las anteriores. No se ve, pero sí se siente: el aislamiento. No se trata de cambiar las ventanas, pero revisa su estado y pon burletes si hay alguna filtración de aire. Los inquilinos agradecerán que la factura de la energía no se dispare por unas ventanas que no encajan bien.

Y si a todo ello le sumas una buena capa de pintura y una iluminación bien diseñada, tus inquilinos, sin duda, estarán encantados en su nuevo hogar. Y tú también lo estarás porque con estas pequeñas reformas habrás conseguido elevar el valor tu vivienda. Como ves, es una inversión a la que puedes sacar mucho partido.

 

Fuente: habitissimo

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